Al ver la lluvia desatada desde el vidrio del colectivo que lo llevaba, solitario, lejos de aquella esquina en donde vivió (según él) una frustración que nunca antes había experimentado.
Pensó que lo había dejado plantado, que todo se había echado a perder, que nada valía la pena, que ella ya no sentía lo mismo que antes.
Pensaba, no paraba de maquinar esa mente que lo único que tenía fijo era el ideal del amor.
Solo, ya en su casa, se puso a mirar el noticiero cuando su celular empezo a sonar y un mensaje llegó a mirar
Era ella. No sabía que decir. No sabía si creerle. No sabía que ella tenía celular. Bah, eso sí lo sabía, pero, ¿por qué recien despues de dos horas mandó el mensaje?
Él todavía no lo cree, llama a un amigo, llama a dos, y despues de 10 minutos se da cuenta de que era real, que ella aún lo amaba, y que eso sólo fue un traspié del destino.
Quiere responder. No hay crédito y los quioscos están cerrados.
A la mañana, ni bien termina de tomar su rutinario desayuno, corre al quiosco para recargar aquel celular, ni bien ve que puede mandar el mensaje, lo manda sin dudar.
'Lamento no contestarte, no tenía crédito. Sí, me sentí frustrado y te perdono. ¿Mañana podes? 18:00 en Callao y Las Heras. Te amo.'
El recibió otro mensaje que le confirmó sus condiciones. En 1 día y 4 horas, volvería a verla.
El celular no suena, ella está cada vez mas dolida por aquella tarde en la que dejó plantado a quien ¿era? su amado.
Bah, no lo había hecho esperar tanto por pura maldad. Ella sabía que aquel día sufrió un congestionamiento de tránsito, lo cual hizo imposible que llegara a la hora calculada.
¿El tráfico? ¡Que chamuyo más mentiroso! Sin embargo ese fue el único impedimento, porque fuera de ello no había ningún otro inconveniente. La repentina partida de su tío podría haber cancelado la cita, pero el entierro iba a ser recien en dos días.
Mientras tanto, ella está con celular en la mano, esperando alguna contestacion durante la misa por su querido familiar. No suena.
Piensa en él... en el tío, por supuesto, en ese aquel ser amado que le hizo vivir hermosos días de su infancia en esa mágica quinta. Juegos, asado, cuentos, era lo más lindo que podía vivir en su universo infantil lleno de hadas y criaturas fantásticas.
En ese momento se le escapa una lágrima, al saber que su tío era una de las pocas personas correctas que pudo conocer en su vida plagada de desilusiones en muchos ámbitos. Amores frustrados, injusticias en cuotas y varios robos a su tienda de ropa (con salidera bancaria incluída) bajaron su autoestima, que volvería a levantarse cuando hace dos semanas conoció a aquel hombre que siente que perdió en aquella esquina gris.
En medio de todo esto, suena el celular. Es él.
Dice que se sintió frustrado, pero que la perdona, y quiere acordar una cita para el día siguiente, a la misma hora que la malograda cita anterior, pero en otra esquina.
Ella salta de alegría... en medio de la misa, así que considera prudente retirarse de la iglesia en ese mismo momento. Contesta el correspondiente mensaje, apaga el celular y vuelve a la 'casa de Dios' para ver al sacerdote dar las condolencias a la familia presente.
Faltan 18 horas para la cita, ella duerme tranquila, pensando que por casualidad, o por causalidad, nada está perdido. Extrañará mucho a su tío, y sabe que despues de la cita con su amado debe pensar en que decir en el último adiós.